El pasado 7 de febrero, el Palacio de la Prensa de Madrid vivió algo poco habitual, pero profundamente significativo: una sala llena con cerca de 200 personas reunidas para ver un cortometraje. Montecarlo 67 colgó el cartel de lleno total en una proyección muy especial que confirma algo que a veces se olvida: el cortometraje también es cine y tiene público.
Y no solo público. Público dispuesto a comprar una entrada, sentarse en una sala histórica y compartir una experiencia colectiva en torno a una historia breve, pero intensa, pensada para la gran pantalla.

Un hito que habla del momento del cortometraje
Llenar una sala de este tamaño para un cortometraje, y además cobrando entrada, no es algo habitual en nuestro país. Por eso, lo ocurrido el 7 de febrero es más que una buena noticia para Montecarlo 67: es una señal clara de que existe una demanda real, de que el formato corto no es un paso menor ni un simple trámite, sino una forma de cine con identidad propia, capaz de emocionar y convocar.
En un momento en el que el consumo audiovisual parece fragmentado y acelerado, esta proyección demostró el valor de ver cine juntos, de compartir historias en una sala, independientemente de su duración.

Un pase arropado por todo el equipo artístico
La proyección contó con la presencia de todo el reparto principal del cortometraje:
- Carlos Santos, que da vida a Chicho Ibáñez Serrador,
- Veki Velilla, en el papel de Pilar Miró,
- Marco Steel, interpretando a un joven Steven Spielberg.
También estuvo presente el director, Rubén Guindo, junto a los productores y parte del equipo técnico, acompañando al público en una sesión que fue, ante todo, una celebración colectiva del trabajo y del proceso creativo.

Making of, coloquio y conversación con el público
Además de la proyección de Montecarlo 67, el público pudo disfrutar de un making of de 10 minutos, que permitió asomarse al interior del proyecto y entender cómo se construyó esta historia, desde la investigación hasta el rodaje.
Tras la proyección, se celebró un coloquio cercano y participativo, en el que el equipo compartió reflexiones, anécdotas y respondió a las preguntas del público. Un espacio de diálogo que reforzó la idea de que el cine no termina en la pantalla, sino que continúa en la conversación que genera.

Un recibimiento a la altura: fotocall y prensa
Desde la entrada al cine, la proyección tuvo un carácter especial. Se organizó un fotocall por el que pasaron el reparto y el equipo, dejando constancia gráfica de una mañana muy significativa para el proyecto. Todas las imágenes de ese momento ya forman parte de la memoria de Montecarlo 67.
» Lo que propone ‘Montecarlo 67’ es un cine que inspira, del que se aprende y del que se sueña. «
Ivan Sanz (Filmados)
La cita contó también con la presencia de prensa especializada, y entre las repercusiones destaca una crítica muy especial publicada por Filmados, que subraya la relevancia del cortometraje y del evento como experiencia cinematográfica.
Antes de empezar su viaje por festivales
Esta proyección tuvo además un valor añadido: fue una de las últimas oportunidades de ver Montecarlo 67 en sala antes de que inicie su recorrido por festivales nacionales e internacionales. Un punto de partida simbólico, arropado por el público, antes de que la película comience su camino por el mundo.
Lo ocurrido el 7 de febrero no es solo una buena noticia para este cortometraje concreto. Es una pequeña victoria para el cine, para el formato corto y para todos los que creen que contar historias, aunque duren pocos minutos, merece el mismo respeto, la misma pantalla y el mismo aplauso.
Porque el cortometraje no es un ensayo.
Porque el cortometraje también es cine.
#ELCORTOESCINE ✊















































































