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Entrevista a JuanMa Bajo Ulloa: «Vivimos un estado de bulimia de consumo»

17 de enero de 2026
Entrevista Juanma Bajo Ulloa

Esta semana, gracias a Butaca y Butacón y Bricocine, tuve la oportunidad de entrevistar al director Juanma Bajo Ulloa durante la promoción de su última película «El mal«, un thriller psicológico protagonizado por Natalia Tena, Belén Fabra y Toni Dalton.

Una conversación dónde Juanma se abre y nos cuenta sus reflexiones sobre el trabajo de cineasta, sus inquietudes filosóficas en la película y el futuro de una industria que cambia a velocidad de vértigo.

Espero que os guste.

Miguel Monteagudo «Monty»


«El amor es un mecanismo de éxito en la sociedad y en las comunidades»


‘El mal’ es una película que reflexiona sobre nuestra atracción por el mal, la hipocresía de la sociedad y la obsesión por el éxito. ¿Por qué una película que hable y reflexione obre estos temas en estos momentos?    

En realidad, parece un tema muy vigente y muy oportuno, pero la película (y tengo pruebas) sé
escribió en 2006. Hubo varios intentos de ponerla en marcha que no fructificaron. Y justamente después de ‘Baby’, con el apoyo que tuve de televisiones que estaban contentas con el resultado de premios y demás, les dio confianza para entrar también en este proyecto, que era un proyecto, pues muy excepcional y quizá no dentro de lo estándar. Pero bueno, yo creo que sigue siendo muy vigente. Cuando yo releo de nuevo la estructura del guion y el tema principal de la película, que es la extraordinaria necesidad que tenemos como seres humanos de ser reconocidos, apreciados, queridos, admirados y esa incapacidad que tenemos para mirar nuestro lado oscuro, me doy cuenta de que no solamente es vigente, sino que se ha convertido casi en una enfermedad social. Y me parece muy interesante seguir alimentando y cultivando esa historia.

El eje central de la película es la naturaleza del mal y su origen. Para tí la naturaleza del mal, ¿ es algo innato en el ser humano? ¿es algo que se aprende? ¿De donde crees que surge?

Hay que definir también que la maldad, como dice la película, la marca muchas veces el sistema, la sociedad, la ética y la moral. Como se dice en una de las escenas, es algo que cambia. En la película el periodista le dice a Elvira «Pero es que hay unas reglas de ética y de moral». Y ella dice: «¿Cuáles, las de antes, las de hoy o las de mañana?». Y eso es lo que lo establece. Pero luego hay unas reglas que creo que son casi biológicas. Tú te das cuenta de que hay algo que está mal, te das cuenta de que estás traspasando una línea y que estás dañando al otro. Y eso es algo que ha ayudado incluso a la sociedad. Las estructuras sociales que han colaborado entre sí, es decir, que se han apreciado, han sido más exitosas que aquellas que no han tenido amor. Es curioso, ¿no? El amor es un mecanismo de éxito en la sociedad y en las comunidades. La película habla un poco de eso, de cómo tú tienes libre albedrío, puedes irte a la luz o puedes irte a la oscuridad. Y hay un personaje, que es la maldad personificada, que se va hacia la luz, y hay otro personaje que es como nosotros, como cualquiera de nosotros, y que justamente toma el camino de la oscuridad. Por falta de escrúpulos, necesidad de reconocimiento, etc. Porque la película también habla sobre la necesidad que tenemos de reconocimiento, de lo que somos capaces de hacer y también de cómo somos capaces de justificarlo. Después de hacer lo que hacemos para obtener nuestro reconocimiento o lo que anhelemos, decimos: “Lo hice porque no tenía más remedio, lo hice porque todos lo hacían, lo hice porque me lo merecía”, etcétera, etcétera,.

«Yo dejo que el público juzgue lo que quiera, pero yo no lo voy a hacer»

Una de las cosas más interesantes del guion de ‘El mal es la relación entre el personaje de Natalia Tena y Belén Fabra. ¿Cómo construiste esa relación y en que te inspiraste? 

Yo busco en los personajes expresar lo que yo soy. Soy un observador. Para narrar, yo creo que primero hay que observar. Y observas desde el silencio y desde la falta de prejuicio. En esta sociedad nos han enseñado a señalar al otro. Y cada vez más, el sistema nos dice cómo señalar, cómo todo está mal. Hasta las bromas ahora están mal. Y hay todo un mecanismo de señalamiento, incluso entre unos y otros. Pero yo creo que eso no lo puede hacer el artista. El artista tiene que estar en un lugar de observación y de aprecio a sus personajes. Yo dejo que el público juzgue lo que quiera, pero yo no lo voy a hacer. Coloco a los personajes tratando de mostrar en cada uno de ellos algo de mí. No puedo hablar de un personaje ni crearlo si no tengo algo mío dentro de ese personaje. No me han ocurrido esas cosas, pero yo he sentido lo que siente cada uno de los personajes en algún momento de mi vida. He sentido odio, ambición extrema, desasosiego, soledad de afecto y eso lo proyecto y voy creando esos personajes.

Es decir, la película es más una pregunta que un juicio, ¿no?

Exacto. La pregunta es una exposición del ser humano. De lo peor y de lo mejor. De cómo es tu elección, coger un camino u otro. Pero somos ambas cosas, luz y oscuridad. En la medida en la que tenemos la humildad de reconocer que hay una parte de vicio, debilidad, miedo dentro de nosotros, la podemos iluminar y curarla. En la medida en la que la justificamos, pues nos podemos ir al abismo y caer en ese demonio, en ese monstruo.

«el cine, se ha hecho tan popular, hay tanto, que ya no vale nada»

Saliéndonos un poco de la película, desde 2020 estamos viviendo un fuerte cambio estructural en la industria cinematográfica y en la forma de consumir cine. ¿Cómo te está afectando a ti como cineasta?

Bueno, va cambiando la industria y no es la misma que había en los años noventa, para nada. Pero a veces cuando me preguntan, digo: «Bueno, ha cambiado el dueño, pero sigue habiendo un corral». Y nunca me he sentido pertenecer especialmente a una industria. He sido un artesano. Cuando empecé decía: «Soy un espectador que ha tenido el privilegio de poder narrar alguna historia de vez en cuando». Me sigo viendo un poco así. Soy un espectador, me gusta el cine. La persona que soy existe porque algunos autores me contaron cosas que yo solo era capaz de sospechar y de intuir. Alguien conectó conmigo y descubrí cosas que no sabía gracias a ellos y he querido hacer esas películas que son entretenimiento y, por otro lado, conectar también con las personas por medio de la reflexión, y eso es lo que he intentado hacer. Nunca me he visto demasiado en una industria y hago encargos también. He hecho anuncios, videoclips, documentales, zarzuelas, pero nunca me he considerado demasiado dentro de ella. Y la industria, además, ha convertido ya de una manera obscena, las obras en contenido. Y la gente lo ve a 1,5 de velocidad. Antes las películas te dejaban poso, eran valiosas, cada película tenía un valor importante. Salías al recreo en el colegio y hablabas de Tiburón y estabas ahí toda la tarde. Y aquella reflexión de la película que habías visto duraba meses, la que fuera, aunque fuera puro entretenimiento. Y ahora no dura nada. El audiovisual, el cine, se ha hecho tan popular, hay tanto, que ya no vale nada. Cuando de algo hay demasiado, no tiene valor.

¿Qué futuro crees que le espera al cine con esta nueva forma de producir y consumir?

Yo creo que vivimos un estado de bulimia de consumo a todos los niveles. La ropa… caminas por la Gran Vía y las termitas entran en las tiendas y las arrasan. La gente compra millones de cosas que no necesita. Con lo audiovisual pasa exactamente igual. El cine se ha convertido en producto, en contenido, como decía. La gente ve las series a doble velocidad, casi para alardear de que las ha visto, pero no queda nada dentro. Y esa bulimia necesariamente va a provocar un vómito y ese vómito final yo creo que nos va a llevar a otro lugar. Todavía no ha llegado el vómito, pero creo que está a punto. Y creo que tendremos que volver al origen. Habrá que volver a un lugar que espero que las nuevas generaciones sean capaces de hacerlo, aunque algunas ya tienen el cerebro convertido en fosfatina. Ya sus conexiones neuronales son incapaces de mirar ni siquiera un cuadro. Me decía el otro día un director de museo que los jóvenes ya no pueden parar porque el cuadro no interactúa. No pueden pararse a mirarlo. Y eso creo que va a reventar y se va a tener que volver a un lugar en el cual no consumías para llenar tu vacío, sino que consumías para ser mejor persona, para ser otra persona.

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